Bataille le dificulta la
lectura a las personas haciendo de esta un reto y jamás sigue un plan
determinado. Oscila entre múltiples proyectos y múltiples combinaciones de
composición. Cuando redacta el ultimo párrafo de un libro, no juzga que este
terminado.
El escribe empujado por una
necesidad secreta de expresarse. Le es imposible considerar que ha llegado a su
expresión definitiva. Por lo tanto le hace falta un método, piensa y juega como
un niño.
Si por ‘’metódico
‘’entendemos la coherencia discursiva que apunta a una meta inteligible y que
depende de un proyecto establecido de antemano: coherencia que construye,
además, en la forma de una demostración racional. Queda claro entonces que el
autor es un pensador atípico.
En la medida en que se
decide a favor el desorden, a través de este ingresa en su pensamiento lo que
los hombres han promovido que se mantuviera fuera de su experiencia. De tal
manera, ese pensamiento consigue situarse un paso adelante del limite impuesto
por el miedo.
Consciente de sus limitaciones
para trabajar, para estructurar la secuencia de sus ideas, el desorden es en
realidad su método, voluntariamente adoptado para liberarse de las normas
racionales que dominan la expresión discursiva.
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